viernes, 15 de abril de 2016

Publicidad institucional o propaganda política



Eligio Hernández Bolaños, concejal de Sí se puede en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife

Es difícil identificar –tampoco hay norma que la defina con claridad– la delgada línea que separa la publicidad institucional de la propaganda política o partidista, es decir, distinguir entre lo que tiene que ser toda aquella actividad de la Administración orientada a difundir un mensaje a sus administrados y el esfuerzo pretendidamente subliminal de prolongar las campañas electorales durante toda una legislatura o mandato. En este contexto, el dinero que el Ayuntamiento de Santa Cruz destina a publicidad y propaganda durante este año asciende a más de 466.000 euros, una cifra que no incluye los gastos derivados del gabinete de prensa del grupo de gobierno, necesaria correa de transmisión de toda buena campaña publicitaria institucional.


El problema no radica en la existencia de esta partida presupuestaria, perfectamente lícita y necesaria –hasta cierto punto–, sino en cómo se va pervirtiendo su propósito original. Es por ello que a medida que se va desvirtuando su objetivo, que no debería ser otro que informar y dar cuenta a los ciudadanos sobre a qué se está dedicando el dinero recaudado de sus impuestos, vamos asistiendo a una pasarela en la que los concejales del grupo de gobierno conformado por Coalición Canaria y el Partido Popular van desfilando hasta el esperpento y el empalago por todo tipo de actos promocionales, posando de cara a la galería ya sea para pintar un grafiti como para soltar una tortuga o para cualquier parafernalia que permita al concejal de turno ganarse la simpatía de la opinión pública chicharrera, o lo que es igual, observando cómo se apropian de la institución y acaban convirtiéndola en una plataforma propagandística que les permite continuar con su eterna y detestable campaña electoral, eso sí, con el dinero de toda la ciudadanía.

En este “arte” hay que reconocer que ATI-CC tiene pocos competidores, ni el NO-DO franquista puede compararse con la maquinaria promocional del partido que ha gobernado el municipio de Santa Cruz –solo o con sus aliados potenciales– desde hace más de treinta años. Si a este modus operandi le unimos la existencia de muchos medios de comunicación afines, de grandes empresarios que los apoyan financieramente a cambio de los servicios que prestan como medianeros de sus intereses –ver declaraciones recientes de uno de ellos– y de toda una red clientelar tejida durante décadas de régimen caciquil, tenemos como resultado la proyección pública de un municipio ficticio e idealizado que está muy alejado de la realidad que sufren a diario todos sus barrios. Por suerte en Santa Cruz hay mucha gente que hace tiempo que superó este adocenamiento generalizado, o que simplemente nunca se dejó engañar con tanta mentira –por mucho que la repitieran mil veces– y que ahora son los verdaderos protagonistas del cambio.