lunes, 13 de mayo de 2013

Crónica de la nada. Por Pedro F. Arcila

Vía: diariodeavisos.com

El alcalde abrió la sesión plenaria anunciando, de manera formal, que se iniciaba el debate plenario sobre el estado del municipio. A continuación cogió unos folios mecanografiados, se puso las gafas, agachó la cabeza y se puso a leer aquel legajo durante dos horas y quince minutos. En uno de los inevitables momentos de fugaz distracción que me produjo aquella lectura interminable, me atrapó el pensamiento el hecho de que no levantara la cabeza, que no oteara el horizonte, siquiera para coger resuello, podría ser una triste metáfora que, sin quererlo, nos ofrecía el principal edil de la corporación sobre su gestión municipal. Realmente esa postura de cabeza gacha y de incapacidad para elevar la mirada es lo que mejor define esos dos años de mandato. En una situación tan difícil como la que estamos viviendo en nuestra ciudad, en medio de una grave crisis que no es sólo económica sino también política, con un acuciante descrédito de los ciudadanos hacia las instituciones, resulta indispensable la figura de un alcalde que apunte un camino propio que nos permita salir del atolladero, con altura para defender un proyecto de transformación del modelo en clave local, con el ánimo de liderar políticamente un cambio, de establecer prioridades frente a la crisis, con un discurso cargado de política con mayúsculas. En definitiva, tener un proyecto para uno de los dos municipios más importante de Canarias, defenderlo con uñas, dientes y cabeza, sabiendo que el éxito de ese cambio puede ser el reflejo que permita nuevos horizontes para nuestra tierra. Desgraciadamente la experiencia vivida estos dos años me permite asegurar que contamos con un equipo de gobierno que carece de proyecto para Santa Cruz porque para ellos la política municipal consiste en transitar por expedientes administrativos con el mismo ánimo con que un oficinista pasa las hojas del calendario. Si Juan Cruz me permitiera la licencia diría que el debate sobre estado del municipio fue la viva constatación de que el mandato de Bermúdez es la crónica de la nada que, de seguir así, hará pedazos a Santa Cruz.