viernes, 3 de septiembre de 2010

Saludos a las valientes y solidarias del Aaiun. Domingo Garí


Las personas valientes y solidarias que han ido al Aaiun a reclamar justicia para el pueblo saharaui, se merecen el aplauso, el respeto y la admiración de todos los partidarios de la paz y de una solución justa y democrática para la República Árabe Saharaui Democrática. Llevar la solidaridad hasta el extremo en que lo han hecho estos compañeros y compañeras, no es fácil.

Con valentía se enfrentaron a esa terrible maquinaria represiva que es el estado marroquí. Y con ser bastante dura la inhumana forma en que fueron tratados, pudo haber sido mucho peor, y algunos así lo temían. El valor de ir a la boca del lobo no lo posee todo el mundo, y por eso, los que lo tienen deben de sentir el respaldo y el aliento de todos los que no osamos correr esa aventura peligrosa.
Las personas generosas y solidarias del Aaiun han mostrado estar a la vanguardia en el movimiento de respaldo al pueblo saharaui, y seguro que después de este honorable episodio nuevas formas de solidaridad se inventarán, y se pondrán en marcha desde aquí y desde otros muchos lugares.
La grandeza de los activistas solidarios es el contraste más evidente a la miseria de los dos gobiernos; el de España y el de Marruecos. La diplomacia del cinismo tan propia de la realpolitik representa el lado más perverso de la política. Su miseria de cuenta intereses (económicos, seguridad, geopolíticos, etc.) sitúa a sus actores en lo peor de la herencia humana. ¡Qué pobres y patéticas fueron las declaraciones de Zapatero y de Moratinos, y qué grande el gesto solidario de los amigos del Sáhara!
La defensa de los intereses nacionales no es la defensa de la integridad física de los ciudadanos del país, sino la protección de los intereses económicos de las empresas que operan en Marruecos. Los centenares de empresas, muchas de ellas multinacionales, que van en busca de mano de obra barata y dócil, pesan mucho más en los intereses nacionales españoles que la defensa de los derechos humanos y del derecho internacional, por mucho que inventen discursos que nos relatan la historia al revés.
Cuando la RASD por fín logre sus objetivos, cuando esta lucha ya sólo esté en los libros de historia, cuando las instituciones del Sáhara libre y las del estado español puedan retomar con normalidad las relaciones políticas, culturales, económicas, y establecer relaciones bilaterales de hermandad y buena vecindad, la posición timorata y cobarde del gobierno español y la reaccionaria y asesina de la monarquía alauita, la leeremos como un nuevo episodio de historia negra de España y de Marruecos.
La posición de la diplomacia española dando por buena la explicación del gobierno marroquí sobre los autores de la agresión a los activistas canarios, queda desmentida por la información dada por la prensa reaccionaria de Marruecos. “Los servicios de seguridad no iban a dejar prosperar esta provocación ridícula” escribió el diario Aujourd’hui le Maroc; o “la intervención de las fuerzas del orden contra manifestantes españoles que ondeaban banderas del Polisario en pleno centro de El Aiún”, relató Le Soir; “la interpelación policial tuvo lugar en el momento en que sus militantes se preparaban para desplegar pancartas” informó Liberation. Esa versión de los hechos, que coincide con los testimonios de los activistas canarios, deja bien al descubierto con quién está el gobierno español.
Pero más allá de los testimonios de la prensa marroquí y de los activistas a favor del Sáhara, el ejecutivo español no puede desconocer cómo actúan las fuerzas de ocupación en un territorio sometido a su terror. Nada allí es inocente. Ni la policía, ni los, colonos ni el ejército, ni los servicios de seguridad. Como en la Argelia francesa, en Afganistán, en Irak o en la Palestina ocupada, en las tierras del Sáhara occidental, la brutalidad cotidiana de la ocupación no es un acto espontáneo y arrebatado de ciudadanos ingenuos, sino la violencia planificada y sistemática de un estado totalitario y colonialista.
El colonialismo y la ocupación son actos bárbaros y racistas, no hay violencia mayor ni más injustificada que la que ellos engendran. Todo lo que sobre eso explicó en su día Frantz Fanon no ha perdido ni un ápice de verdad. “El mundo colonizado es un mundo cortado en dos. La línea divisoria, la frontera está indicada por los cuarteles y las delegaciones de policía. En las colonias, el interlocutor válido e institucional del colonizado, el vocero del colono y del régimen de opresión es el gendarme o el soldado (…) En las regiones coloniales, (…) el gendarme y el soldado, por su presencia inmediata, sus intervenciones directas y frecuentes, mantienen el contacto con el colonizado y le aconsejan, a golpes de culata o incendiando sus poblados, que no se mueva. El intermediario del poder utiliza un lenguaje de pura violencia. El intermediario no aligera la opresión, no hace más velado el dominio. Los expone, los manifiesta con la buena conciencia de las fuerzas del orden. El intermediario lleva la violencia a la casa y al cerebro del colonizado.”