sábado, 18 de septiembre de 2010

El monumento a Franco y el cuento del Alcalde. Domingo Garí.


La tergiversación de la historia es un usual recurso de los que la ganan. “La historia la escriben los vencedores” fue un tópico usado en la antigüedad con cierta razón, cuando los vencidos no sabían leer ni escribir. Pero hoy que el conocimiento se ha democratizado, que el recurso a la lectura, escritura y a la cultura está también en manos del demos, aquella frase deja de tener validez. Lo que hoy se produce es una lucha de ideas. La disputa de la hegemonía ideológica de la que hablaba Gramsci es, en la actualidad, el más relevante escenario de confrontación de la lucha de clases.

Eso es cierto para entender el mundo en su complejidad, la crisis económica, el cambio climático, la democracia y todos los demás asuntos que andan pendientes. Y también, ¡cómo no! es pertinente para comprender lo que pasa en Santa Cruz con el franquismo presente, y la batalla que aquí se está dando para su definitiva derrota, frente a los muy poderosos seguidores que aún mantiene en esta ciudad. El primero de ellos el Alcalde.
La oligarquía tinerfeña, y santacrucera en concreto, se alistó en la primera hora de la sublevación militar del 18 de julio de 1936. Si uno repasa los apellidos que figuran en las organizaciones fascistas de Acción Ciudadana o Falange Española, se encontrará ahí con todas las familias de más renombre de la ciudad. Muchos se alistaron para eliminar a los que consideraban sus enemigos de clase. Lo consiguieron. Los hicieron desaparecer. Y han logrado mantener el silencio sobre todo ello hasta el día de hoy.
Algunas cosas no han cambiado, otras sí desde luego, pero las que no lo han hecho son sangrantes para la dignidad humana. No hablemos aquí de los medios de comunicación, ni de la permanencia del vocero del fascismo, como el principal medio de comunicación portavoz de los intereses de la oligarquía chicharrera. Hablemos de la persistencia de un lenguaje simbólico y cultural en la ciudad, feo y horrendo, parafraseando a Nietzsche. Asesinos natos nos representan en el corazón de la villa. Valeriano Weyler, creador de los campos de exterminio en Cuba durante la guerra de independencia, ostenta una de las plazas públicas más significadas, justo enfrente de la Capitanía General, desde la que los felones planificaron el genocidio de los pueblos de España.
Patricios de variada procedencia dan nombre o adornan otros rincones de la urbe. Ningún héroe del pueblo, de las clases populares, está reconocido en los principales espacio públicos. Esta provinciana y elitista ciudad sólo tiene parabienes para los hijos del dinero y del poder. Víctimas sobre las que se encarnizó el odio tribal, y que pagaron sin necesidad con su vida, siguen olvidados en las sacas bajo el mar al que fueron arrojados. El manto de silencio que cubrió Santa Cruz es más asfixiante que el que cubrió al resto de los territorios del estado. ¡Queremos ver reconocidos a Domingo López Torres y a Luis Ortiz Rosales en lugares principales de la ciudad!
El felón mayor tiene su propio monumento. Es “feo y horrendo” aunque algunos ignorantes dicen que es arte. Y sí, es el arte espantoso del fascismo, pero es “feo y horrendo”. Algunos incluso, cronistas oficiales del Santa Cruz faccioso, se han contradicho escribiendo sobre el monumento según iban pasando los años. En los noventa alababan la significación franquista de la escultura y en los dos mil nos cuentan, que bueno, que no es exactamente franquista, porque el dictador nunca reconoció como suyo a este hijo bastardo que adorna el final de la Rambla. A nadie engaña escribano de tan poco vuelo.
El Alcalde nos cuenta su cuento de regidor convencido de que los ciudadanos son estúpidos. Y dice que esa “obra de arte” no se retirará porque fue hecha con suscripción popular y que, además, ya no representa a Franco sino al Ángel Caído. Como si el significado de las cosas pudiese cambiarse en un acto administrativo o en un libro de actas de una corporación. Este alcalde, profesional del escamoteo, ahora prefiere adorar al diablo en vez de al felón, aunque muchos de los suyos fueron a alistarse a las milicias asesinas desde la primera hora del golpe del 18 de julio.
Nada de lo que nos cuenta en su cuento el Alcalde es cierto. El monumento a Franco fue instigado e impulsado por el fascismo insular. Participó en su propuesta inicial, en la coordinación del proyecto y en la financiación del mismo, lo más granado de la política, la economía y la sociedad de la época. En una sesión que tuvo lugar el diez de diciembre de 1964, en el Salón de Actos del Gobierno Civil y bajo la presidencia del Gobernador Civil y Jefe Provincial del Movimiento, se constituyó la Comisión Ejecutiva de Recaudación “para la erección de un monumento de homenaje al Caudillo de España”. En dicha reunión estuvieron presentes y se comprometieron en la Comisión Ejecutiva el Presidente de la Mancomunidad de Cabildos, el Subjefe Provincial del Movimiento, el Delegado del Gobierno en la Isla de la Gomera, La Delegada Provincial de la Sección Femenina, el Inspector Provincial del Movimiento, el Delegado Provincial de Juventudes, el Delegado Provincial de Organizaciones, el Inspector Provincial del Movimiento, el Jefe Local de la Capital, el Delegado Provincial de Asociaciones, el Delegado Provincial de Prensa Propaganda y Radio del Movimiento, el Delegado Provincial de Ex-combatientes, un Coronel de Artillería, el Presidente del Círculo de Bellas Artes, el Ingeniero Jefes de Puertos, el Conde de Barbate y el Lugarteniente Provincial de la Guardia de Franco. El secretario de la reunión fue el Secretario de la Mancomunidad Provincial Interinsular.
La obra se encargó a un camarada del partido “debido al alto interés que éste mismo siente por el significado patriótico e histórico del monumento que esta Capital proyecta en homenaje al Caudillo”. Debido a ello “ha hecho una considerable rebaja al presupuesto inicial” elevando la cifra para sus emolumentos hasta los 5.898.998,40 pts. Según los datos de actualización de renta del IPC general eso significa a día de hoy 145.782.000 pesetas, que en euros es 896.277. Los gastos de montaje y la dirección de obra las cobró a parte, y no he podido encontrar el expediente correspondiente. Y la Comisión se comprometió a “solicitar la exención de impuestos del Estado con relación al referido contrato”. ¡Que todo no es la patria¡ El Alcalde accidental del Ayuntamiento quedó comprometido a visitar al Capitán General para presentarle los planos de situación y alzada del lugar destinado a la infausta obra. Y el Gobernador Civil administró las cuentas tras el poder que para la ocasión le firmó el Presidente de la Mancomunidad de Cabildos.
Las aportaciones dinerarias particulares se hicieron, voluntariamente, entre las bases del fascismo, y de manera coercitiva entre otros muchos que se vieron obligados a dar sus cinco o sus diez pesetas, pero que por vergüenza no firmaron los recibos con su nombre, sino con un tímido “anónimo”. La letra firme y ampulosa de los que dieron 500 o 1000 o más pesetas, con su nombre bien claro es probable que hayan donado su dinero orgullosos y conscientes de lo que hacían. Los recibos sin nombre de 5 o 10 pesetas con letra torcida de no estar acostumbrado a escribir nunca, lo que trasmite, es el miedo del que está siendo vigilado mientras “arrima el hombro”.
Esta es la verdadera historia de este monumento que no se merece la ciudadanía de Santa Cruz de Tenerife.